El Servicio Religioso

Cada servicio religioso es en su esencia oración. Cuando oramos no hablamos acerca de Dios, sino que intentamos dirigirnos a ese Ser invisible; hablamos con Dios. El orar es una acción.

La oración en la iglesia se compone además de palabras, imágenes y de gestos que se celebran con reverencia. Una de las imágenes la constituyen las siete velas en el altar, que se encienden al comenzar la ceremonia; dirige la mirada hacia la realidad cósmica y terrenal de que cada evolución se produce en un ritmo de siete. El cuadro del altar muestra a Cristo resucitado, el que vence a la muerte.

La oración comunitaria se vuelve realidad espiritual y terrenal, acción que se realiza ante y con Dios.

Un director de orquesta percibe a sus espaldas si el público presente está distraído o escucha intensamente. No se puede oír el escucharmismo; sin embargo, un escuchar atento “llena” el espacio.

En la celebración religiosa ocurre algo similar. El escuchar activo de una congregación “llena” el culto: resuena junto con las palabras pronunciadas.

Visto desde afuera, la congregación participa poco; sólo los dos ministrantes ayudan en el quehacer exterior, y uno de ellos da las respuestas representando a la congregación, que permanece en silencio. Este silencio de entrega activa encierra una fuerza insospechada: en la medida en que cada uno logre apaciguarse en lo exterior, puede activarse más en lo interior. Dios es invisible. Nos acercamos a El con la presencia interior intensificada, que nos permite percibir Su presencia.